Hacia la «píldora» del vino

De nuevo a la busqueda de la ‘casi’ eternidad
«Resveratrol». Tan enrevesado es su nombre que casi haría falta una vida para aprenderlo.
Afortunadamente, el propósito de Sirtris Pharmaceuticals y de sus fundadores, David Sinclair y Christoph Westphal, es concedernos una existencia más larga y sana para que podamos dedicarla a éste u otros menesteres.
El resveratrol saltó a la fama científica en 1997, cuando un estudio de la Universidad de Illinois en «Science» atribuía a este compuesto polifenólico y antioxidante de la uva una acción preventiva frente al cáncer. Por entonces, los efectos cardiosaludables del vino ya se habían debatido en foros médicos, y algunos investigadores buscaban el nexo común.
Trabajos posteriores en «Nature» y «Cell», publicados en noviembre de 2006, corroboraban algunos de los efectos beneficiosos del resveratrol, como su capacidad de neutralizar la acción deletérea de una dieta rica en grasas en roedores, y un insólito poder para crear «super-ratones» más atléticos y fuertes que el grupo de control. A esto se unen sus proclamadas propiedades contra las dolencias del envejecimiento, incluidas las neurodegeneraciones como el Alzheimer, y su capacidad de prolongar la vida de animales de laboratorio, hasta en un 59 por ciento en el caso de peces y moscas.
Principio de precaución
Como es natural, el tañido de las campanas que anuncian una nueva «molécula milagro» debe escucharse con sordina. Desde el primer momento, los científicos lanzaron varias advertencias: primera, la acción farmacológica del resveratrol en humanos aún es completamente desconocida. Segunda, la dosis en el vino es tan nimia que habría que beber 10.000 botellas al día para igualar la ingesta de los ratones. Como también es natural, no han faltado quienes han emprendido la comercialización del resveratrol. Dos webs, que pagan publicidad en el buscador Google, anuncian a bombo y platillo sus preparados y sus presuntas cualidades, aclarando después -en letra pequeña- que el producto no es para consumo humano, y que sus afirmaciones «no han sido aprobadas por la agencia reguladora norteamericana FDA».
Después de estudiar durante años los secretos del resveratrol, el patólogo de Harvard David Sinclair logró en 2004 dilucidar una acción metabólica de esta molécula: la activación del gen SIRT-1, que retrasa los síntomas de la edad y sus enfermedades, y cuya función fisiológica propuesta es actuar en condiciones de restricción calórica severa. De algún modo, SIRT-1 y su familia génica, las sirtuínas, formarían un mecanismo adaptativo que ayuda a prolongar la vida en condiciones de privación de nutrientes.
Productos en 2012
El descubrimiento de Sinclair, la parte científica del tándem fundador de Sirtris, ha impulsado a Westphal, doctorado en Harvard y capitalista de riesgo, a agarrar el toro por los cuernos y financiar los estudios destinados al uso del resveratrol en humanos. El primer proyecto, ya en marcha, es un ensayo clínico contra la diabetes utilizando SRT501, una fórmula mejorada. Westphal afirma que a éste seguirá en breve otro protocolo contra el síndrome de Melas, envejecimiento prematuro causado por desórdenes en las mitocondrias, las centrales energéticas celulares.
Los planes de Sirtris no acaban aquí. Westphal afirma disponer ya de versiones «mil veces más potentes» de esta «píldora de la longevidad», y confía en situar productos en el mercado en 2012 o 2013.

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