Secularizacion del Camino

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Con los excelentes Gobiernos que disfrutamos -en Madrid y en Santiago-, está la ciudadanía instalada en la dicha permanente. Todos los intelectuales, literatos y periodistas lo celebran. El botafumeiro no da abasto. Aquel que consigue vez lo sacude con tal ímpetu, que el ambiente está penetrado de su aroma. El espíritu se esponja con los exóticos perfumes y exulta con la magnificencia del ritual.

Pero, la carne es débil. Confesaré que yo estoy un poco acongojado. Deriva mi temor de que agitaciones tan permanentes y vigorosas rompan las cuerdas que sostienen el volandero artefacto y, zas, me planche la calva, perfumando hasta lo más íntimo de mi tejido neuronal. Por españolista que sea, preferiría el quevedesco destino de polvo enamorado a esta perspectiva de revuelto de sesos con incienso, receta de la cocina nacionalsocialista.

La última genialidad xunteira, un tanto dispendiosa pero no ha de repararse en gastos si la causa es noble, ha sido cambiar la imagen gráfica que promociona el Camino de Santiago. No se trata sólo de la piadosa tarea de dar de comer a diseñadores y publicitarios amigos. Es también ocasión de educar al pueblo, extraviado por las enseñanzas reaccionarias. Por ello, como muy bien ha dicho el conselleiro de Iconos y Caminos, han escogido icono civil para promocionar el jacobeo camino.

La Xunta anterior, exponente de la carcunda, había elegido una imagen compuesta por cuatro vieiras dispuestas en forma de cruz, lo que le otorgaba un significado religioso. La verdad es que, inscritas, como estaban, las cuatro vieiras en un círculo, yo no había percibido la cruz.

Pero, por fuerza, mi visión ha de ser inferior a la de tan esclarecidas autoridades. No a la disposición en cruz, proclamo convencido. No a las encrucijadas. No a la Cruz Roja. Hagamos como los bárbaros islamistas y sustituyamos tan odiosos emblema y denominación ¿O vamos a creernos la reaccionaria explicación de que uno y otro son mera inversión de la bandera suiza, en homenaje al país de su fundador, Henry Dunant?

Qué barbaridad, otorgar significado religioso al Camino de Santiago. Como nuestros ilustres historiadores acreditarán, aquel peregrinaje respondió exclusivamente al interés por conocer el ejemplar gobierno del Reino Suevo, felizmente presente hoy en nuestros bipartitos gobernantes.

En consecuencia, la tradicional vieira deja paso a una flecha amarilla. Todavía no hace mucho alguna pobre víctima del pensamiento reaccionario celebraba el origen gallego de la imagen corporativa de la petrolera Shell, una concha de vieira. Cómo va a tener origen gallego el símbolo de una corporación imperialista y contaminante. Además, de dónde va a rivalizar una vieira con una flecha. Y, encima, amarilla, pues, el amarillo (junto con el azul) es el color de Europa (y del Vaticano, de los sindicatos de obediencia patronal, de enfermedad hepática, y de muchas más cosas, digo yo).

Déjenme decirlo, modesta y desinteresadamente: “ Soy feliz como niño con rana, pues me gobierna Touriño, me manda Quintana “.

XXXLimagenPor Xose Vilas Nogueira

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