Feismo en la Catedral

Los peregrinos aseguran que el Camino de Santiago proyecta sus almas a la eternidad. Pero los espíritus no son lo único intemporal en la Catedral: las humedades, desconchados y problemas de conservación también han logrado la inmortalidad en la basílica.

La pasada semana, La Voz publicó que el tramo compostelano del Camino está falto de señalización, carece de marcas kilométricas y está invadido por la maleza. En algunos trechos también se hace notar el feísmo urbanístico. Pero los problemas de la ruta alcanzan una nueva dimensión en la meta, donde los tímidos intentos para mantener la iglesia en buen estado se ven superados por la magnitud del propio edificio.

La humedad y las enfermedades del granito son problemas tradicionales del templo. Su influencia no sólo destruye las estatuas y relieves, también ha convertido los frescos situados sobre el altar en una mancha informe y oscura, que desmerece la riqueza barroca y dorada del baldaquino. La recuperación de las pinturas, que el antiguo canónigo de Arte, Alejandro Barral, siempre consideró posible, es uno de los proyectos nunca realizados en el templo. Las humedades también causan manchas en la cal del techo y las paredes. Pero sus efectos son especialmente dañino en el exterior, donde se combina con la acción de las plantas para quebrar las uniones entre bloques de piedra.

Ahora bien, humedades aparte, la mano del hombre ha sido la principal causante de obras que pueden clasificarse de feísmo catedralicio. El cableado eléctrico, lejos de ocultarse, transcurre enganchado a las columnas y, en algunos puntos, se han dejado agujeros abiertos en el techo para poder pasarlo.

Los confesionarios de madera llevan grabada la lengua a la que están dedicados. Sin embargo, están numerados con pegatinas rojas, sospechosamente parecidas a las empleadas para poner los precios en los supermercados. Tampoco las máquinas de pared, parecidas a teléfonos, que explican detalles sobre la Catedral, son un acierto estético.

El futuro de la basílica parece incierto. La masiva llegada de visitantes lo somete a un desgaste mayor cada año. El plan director se ha retomado con una financiación exigua, 60.000 euros, y con un equipo inveterado. La restauración del Botafumeiro se vio ensombrecida por las condiciones de traslado de la pieza a Madrid, sin seguro y en coche privado. La última obra, el cambio de la linterna de la Capilla de la Comunión, fue paralizada temporalmente por una negligencia burocrática. Y cada vez llegan más peregrinos y turistas.

XXXLimagenSANTIAGO :: La Voz de Galicia:

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