La absurda política de no cobrar

No parece, pese a lo anunciado en su día, que la Xunta tenga intención -al menos no a corto plazo- de cobrar por la utilización de los albergues que jalonan los distintos tramos del Camino de Santiago en suelo gallego, por lo que seguirá con la absurda y derrochadora política de ofrecer todo gratis a quienes, en su inmensa mayoría, tienen posibilidades más que de sobra para pagar una cantidad simbólica, la necesaria por lo menos para mantener dichas instalaciones en buen uso, por su utilización. Y si no disponen ni de 6 euros para pasar la noche a cubierto y ducharse con agua caliente, que se queden en su casita dándose cabezazos, que tampoco pasa nada.

Los peregrinos de hoy, seamos serios, no son como los parias desarrapados, los aventureros sin un chavo o los cristianos iluminados, muchos de ellos ricachones, que en la Edad Media se lanzaban al Camino con lo puesto movidos por un deseo casi místico de llegar hasta la tumba del Apóstol, sino personas de todo tipo y condición, la mayoría españoles y europeos de la clase media, que un año recorren el Camino de Santiago, al siguiente les da por trepar al Machu Pichu y todavía dejan un huequecillo para viajar al Lago Ness y arrearle unas collejas al monstruo que nadie ha visto.

Mírenlos cómo emprenden el viaje, muchas veces con unos equipos de diseño pijo que cuestan una pasta, y comprobarán que están perfectamente capacitados para pagar un hotel o, como decíamos, una plaza barata en cualquiera de los cucos albergues que la Xunta ha levantado en los últimos años. También hay, claro, infinidad de grupos humildes y caminantes solitarios con los bolsillos llenos de telarañas que bien merecerían una ayuda, y a esos, sólo a esos, es a los únicos que habría que echar un capote. Los demás, que suelten la tela. ¿O es que a los turistas gallegos nos pagan el alojamiento cuando vamos a hacer senderismo al extranjero? Más bien nos clavan hasta por respirar.

Si el Camino de Santiago necesitase algún tipo de promoción o si fuese una vía muerta que no interesase a nadie, sería lógico poner en marcha un plan de choque para atraer a viajeros o turistas a base del todo gratis, pero se da la circunstancia de que nos encontramos en el extremo contrario. Es decir, la Ruta está saturada y los albergues sufren overbooking todo el verano. ¿A qué jugamos entonces? ¿A país rico? ¿O lo único que pasa es que somos giliflautas?

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