El enigma de la marca amarilla y otras dudas santiaguistas

XXXLimagenpero nuestras dudas relacionadas con el mágico itinerario de las estrellas no finalizaron ahí. En un paseo por la ciudad en pos de placas callejeras, descubrimos en la calle Amara, que nace en la plaza Easo, un par de azulejos con el emblema oficial del recorrido santiaguista.

Por supuesto, enfilamos la citada calle con destino al alto de San Roque (Santo, precisamente, muy vinculado e invocado en el itinerario jacobeo) y, a unos cincuenta metros del anterior, encontramos otra baldosa del mismo pelaje. En ese punto, el camino a seguir se volvía difuso pero bastó una pregunta a un transeúnte para descubrir que los baldosines jacobeos señalaban el camino hasta la coqueta parroquia de Santiago, sita a escasos metros de la calle. De ahí el ánimo de un santiaguista en indicar, a aquellos caminantes que llegan desde Astigarraga, el lugar donde entonar un par de oraciones al Santo antes de partir rumbo Finisterre.

Una visita al local donostiarra de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago sito en la calle Urbieta 2, sirvió para vestir de palabras y testimonios nuestro periplo por el recorrido de las flechas, pero no conseguimos ninguna pista sobre el artífice del sendero de baldosines de Amara Viejo.

Efectivamente, allí nos confirmaron que son los voluntarios y peregrinos donostiarras los que se encargan de pintar las saetas para facilitar a los foráneos el itinerario costero -«más duro que el camino francés, pero muy bonito», según sus propias palabras-, pero nada sabían de la persona que, anónimamente, había dejado la huella jacobea en la calle Amara. Hablamos también con Xose Antonio Vilaboa, devoto caminante y apasionado lector del tema santiaguista, que nos desveló la poca importancia que, históricamente, había tenido San Sebastián en el camino costero: «Era un itinerario muy poco transitado y los pocos peregrinos que pasaban lo hacían alejados de la ciudad, extramuros, pues no era raro que robaran o padecieran enfermedades». En la actualidad, hay dos ‘senderos’ que cruzan la ciudad, uno de interior que llega desde Astigarraga, y otro exclusivo del litoral que recorre Jaizkibel, Ulia y arriba a San Sebastián por Gros. Cualquiera de las calles o esquinas por las que pasan estos dos recorridos son susceptibles de albergar flechas amarillas

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El enigma de la marca amarilla y otras dudas santiaguistas:

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